ARQUETIPO DE LA MADRE Y COMPLEJO MATERNO



Introducción.

Antes de hablar del Arquetipo y el complejo materno, es importante que comprendamos dos conceptos fundamentales dentro de la psicología analítica Junguiana.

Los arquetipos hacen referencia a imágenes primordiales y preexistentes que han acompañado la experiencia humana desde sus inicios. Son estructuras, moldes que guían nuestra vida desde el inconsciente colectivo, los podemos ver representados en mitos, sueños, religiones, cuentos, etc. Un arquetipo puede entenderse como una predisposición psíquica. Jung aclara, no es un contenido concreto, sino un cúmulo de posibilidades a ser representadas, por lo que no están determinadas por su contenido, sino por su forma.

El complejo hace referencia a esa agrupación de imágenes cargadas emocionalmente asociadas a un tema común.  Si los arquetipos hacen parte del inconsciente colectivo, los complejos pertenecen al inconsciente personal y están cargados de significado y emoción  en relación a nuestra propia experiencia. El complejo está conectado con un patrón universal y tiene su propia autonomía, ya que cuando se constela funciona como una "personalidad parcial" con voluntad propia.

Sobre el Arquetipo de la Madre.

A la hora de hablar de arquetipos, no se puede hablar de un numero exacto, pero si aludir a algunos de ellos, los mas conocidos: La Madre, El Padre, El héroe, El Anciano Sabio, etc. Cada uno de ellos, pertenecientes a toda la humanidad. Cada arquetipo puede ser representado, de acuerdo al contenido u aspecto, por una imagen diferente. Por ejemplo, el arquetipo del héroe, puede ser representado por, Hércules, Superman, Harry Potter, etc. El Arquetipo de la madre, por Gea, Deméter, Pachamama, La Virgen María.  A esto es cuando Jung se refiere a que un arquetipo no es un contenido, sino un cumulo de posibilidades a ser representadas.

Como podemos ver en estos ejemplos, cada arquetipo es una predisposición estructural en el inconsciente colectivo, una "posibilidad a priori de representación". Las representaciones específicas son el "ropaje cultural" que adopta el arquetipo al manifestarse en diferentes contextos históricos, culturales y personales. Los arquetipos en sí mismos son inaccesibles directamente; sólo podemos conocerlos a través de sus manifestaciones. Son como los patrones invisibles que organizan la experiencia humana, mientras que las representaciones son las expresiones visibles y específicas de estos patrones universales.

Dentro de los arquetipos fundamentales, la Gran Madre ocupa un lugar central como imagen primordial del origen, la fecundidad y el cuidado. Jung describe este arquetipo con sus dos aspectos opuestos: la madre amorosa, nutricia y protectora, y la madre terrible, devoradora y oscura. En el distingue aspectos positivos, (lo bondadoso, protector, sustentador, lo que da fertilidad y alimento, el renacer), en sus aspectos más sombríos, (lo secreto, escondido, tenebroso, lo que devora, seduce y envenena, lo angustioso e inevitable). En conclusión, el arquetipo de la Gran Madre puede ser benévolo, nutricia o puede tener un carácter vengativo, oscuro, devorador.

En la mitología y religión se ofrecen muchos ejemplos simbólicos de este arquetipo. A través de diferentes imágenes arquetípicas como diosas y figuras como Gaia o la Madre Tierra, Deméter, la Virgen María, Pachamama, etc. También aparecen representaciones en lugares y objetos maternales: la tierra, el agua, las aguas estancadas, la cueva, el útero, la roca, el horno, el jardín o la flor son símbolos, al igual que la madre, asociados al origen de la vida.

Este arquetipo, al igual que todos los demás, puede representar diferentes aspectos de sí mismo de acuerdo a la imagen con la cual se presenta. Por ejemplo, la diosa griega Deméter, encarna la madre protectora que nutre la vida, mientras que en la mitología hindú Kali es la madre terrífica que devora a sus hijos. Estas imágenes evocan la tensión entre nutrición y destrucción que yace en el arquetipo.

Sobre el Complejo Materno.

Un complejo posee varios componentes fundamentales entre ellos, una imagen o representación central, un tema o idea alrededor del cual se organiza, una fuerte carga afectiva, es decir, emociones intensas asociadas a esta imagen y un núcleo arquetípico, el cual es su centro.
Los complejos son estructuras vivas, emocionales y dinámicas, que se activan especialmente en situaciones de estrés o crisis y cuando entramos en contacto con heridas no elaboradas de nuestra historia personal. También son descritos como un “campo emocional autónomo” que puede apoderarse de la conciencia, provocando reacciones automáticas, a menudo desproporcionadas. 


Es decir, cuando se hace referencia al complejo materno, quiere decir, que al rededor de un núcleo (el arquetipo de la madre) empiezan a formarse capas a medida que nos vamos relacionando con nuestra propia madre y experimentando "lo materno" en nuestra vida personal. Es decir, el complejo materno es una estructura psíquica que se forma en y por la interacción entre las experiencias personales tempranas con la madre/cuidadora y las imágenes arquetípicas de lo materno a nivel social, cultural y universal.

El complejo materno se compone de: la madre arquetípica, de la madre social, cultural, familiar, personal, real e ideal, entre otras. Se va formando en la medida que tenemos relación y vamos experimentando lo materno a través de una figura que cumpla esta función. Puede ser la abuela, la tía, la niñera, cuidadora o la madre biológica.

Al igual que en los arquetipos, en también se puede hacer referencia a la dualidad/ polaridad del complejo. Por lo tanto, el complejo materno tiene un polo positivo y otro negativo. El Complejo materno positivo se manifiesta como una relación nutritiva con uno mismo, capacidad de autocuidado, creatividad, receptividad, y una actitud amorosa hacia los demás. Y el Complejo materno negativo que se manifiesta por un rechazo a la madre o lo materno, genera dependencia, autocrítica, inseguridad, rabia contenida, miedo a la autonomía y dificultad para confiar. Todo esto dependiendo de la vivencia personal de cada persona.


Durante la relación madre-hijo/a, se van creando heridas, amores y odios, en la medida en la que la madre real "cumpla con lo que se espera de una madre" en su aspecto positivo. Si se espera que la madre nutra y sea cuidadora, pero no lo es, genera en el niño/a malestar o por el contrario, si alimenta demasiado y acapara, también genera en el niño/a una serie de heridas con las cuales aprenderá a relacionarse posteriormente. Esto no significa que los complejos sean malos o buenos en si mismo, sino que están y aparecen a medida que nos vamos relacionando, primero con nuestras figuras primarias y después con el entorno.


Esto influye no solo en la manera en la que nos relacionamos con nosotros mismos, sino en la manera en la que nos comportamos, pensamos, sentimos. Cuando este complejo no está elaborado, puede generar sufrimiento, pero cuando se integra, se acepta en su parte luminosa y oscura se convierte en un recurso de creatividad, autocuidado y conexión. 

Una de las primeras cosas es reconocer cuando actuamos en el presente desde una herida del pasado, diferenciar la madre real de la arquetípica e ideal y construir, relacionarnos a partir de todas las experiencias con la función de la propia madre interior.



Referencias:

Los Arquetipos y lo inconsciente colectivo - Carl Jung

La Gran Madre - Erich Neumann

Madre-Hijo, Padre-hija - Verena Kast


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