No soy lo suficientemente buena': Guía para superar la autocrítica destructiva


Cuando no soy lo suficientemente buena: “Nunca será suficiente”



Introducción:


Hay momentos en la vida en los que aparece una sensación de estancamiento, de falta de vitalidad, movimiento, significado, una sensación de pérdida, de cansancio, de agotamiento, tristeza, ira, derrota  … muerte


¿has sentido que nada de lo que haces funciona? ¿has sentido que sigues en el mismo lugar? ¿Qué nada cambia o avanza? ¿no eres lo suficientemente buena para hacer/merecer algo?


Este post está basado en la experiencia que viven muchas mujeres y en el capítulo: Agua clara, el alimento de la vida creativa, del libro Mujeres que corren con los lobos de Clarissa Pinkola Estes. Elijo este capítulo porque habla de un estado/etapa por la cual están o han pasado muchas mujeres y no se han dado cuenta, piensan que es un estado normal y cuando más agotadas están, más se exigen a sí mismas, se levantan, muestran una sonrisa y dicen “estar bien”.


Un capítulo que refiere a la pérdida de energía, a la pérdida y alejamiento de la vida creativa, a un periodo de envenenamiento, de muerte, en donde si no se hace algo al respecto hacemos algo al respecto no seremos más que mujeres muertas en vida, con una máscara de poder. 


El Río y la Vida creativa


Imaginemos que nuestra vida creativa, mental, emocional, ésta energía que  impulsa a: hacer, ser y estar, esa energía que nos conecta con nosotras mismas, con la intuición, como si fuese un río. “Un río, que como todo en la naturaleza tiene sus épocas de avance y de retirada, de abundancia y de sequía … pero que está siempre en movimiento enriqueciendo en sus formas todo lo que está a su alrededor.”


La vida creativa no es solo pintar, escribir o elaborar una gran obra. La vida creativa está en todo lo que hacemos, auténtica, consciente y coherentemente. Por ejemplo, cocinar, oler una flor, respirar, sonreír, observar curiosamente, leer, sorprendernos, llorar, amar, …


Además, la creatividad no tiene una sola forma, es algo que se mueve, que está vivo. Además no llega sola, llega para dar vida, alimento, para inspirar y ser inspirada. Para expandir-se. Es por esto, que la vida creativa es la capacidad más valiosa, no solo de las mujeres, sino de todo ser humano. 


La creatividad, es algo que se levanta, se mueve y llega impetuosamente, es algo que siempre está ahí. No permanece quieta, ni espera ser encontrada. Es por esto que no podemos perderla ya que siempre encontrará la manera de llegar a una. Sin embargo, algunas veces, el río se contamina, deja de fluir, entonces, empezamos a morir por dentro, empezamos a apagarnos … 


Y ¿Cómo se contamina el río?


El río se contamina con voces internas de menosprecio, juicio constante, con agotamientos no escuchados reflejados en nuestro cuerpo, con sobre exigencias, con dolor y miedo a no ser suficientes …


Identificar estado del río


El río está contaminado cuando hay problemas, dificultades para crear, imaginar, para centrarse y sobre todo cuando hay dificultades para accionar y llevar a cabo un proyecto, una idea. Es cuando estás, te sientes, en una situación de incertidumbre, externa e interna. 


Mientras el agua del río fluya, nosotras lo haremos, pero cuando la abertura que va del río a nosotras está bloqueada por tanta contaminación, nosotras también nos estancamos. Si su agua está envenenada por estas voces internas, estos complejos (1) negativos, por el ambiente y exigencias externas e internas todo lo que configura nuestras ideas y nuestra vida creativa también se contaminaran.


Con lo que hay que tener cuidado, es creer que vivir así es normal: sobrecargadas, sin espacio, ni ritmo propio, moribundas y muertas en vida, fingiendo que todo está mejor que nunca, fingiendo que seguimos en contacto con la vida creativa … y entonces comenzamos a volvernos unas impostoras, no solo engañando al mundo, sino engañándonos a nosotras mismas. Es por esto que cada cierto tiempo, debemos revisarnos y preguntarnos:


¿Cómo está mi río/energía creativa?

¿Cuántas veces me he sentido estancada?

¿Qué pensamientos/creencias lo están estancando?


Para la recuperación de la vida creativa es necesario limpiar y clarificar las aguas del río. Introducirnos en él y purificar los elementos contaminados, abrir, desbloquear las aberturas y protegerlo de futuros daños. Clarissa, en tres cuentos nos narra el proceso de la contaminación del río, la represión de la vida creativa,  y su recuperación.



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La llorona.


La Llorona  se fue con un rico  hidalgo  que tenía unas fábricas río abajo. Pero algo falló. Durante su embarazo,  La Llorona  bebió agua del río. Sus hijos, que eran gemelos, nacieron ciegos y con los dedos palmeados porque el  hidalgo  había envenenado el río con los desechos de sus fábricas. El  hidalgo  le dijo a  La Llorona  que no la quería ni a ella ni a sus hijos. Se casó con una mujer muy rica a la que le encantaban los productos de la fábrica.  La Llorona  arrojó a los niños al río para que no tuvieran que sufrir las penalidades de la vida, e inmediatamente después cayó muerta de pena. Fue al cielo pero San Pedro le dijo que no podía entrar a no ser que encontrara las almas de sus hijos. Ahora  La Llorona  busca incesantemente a sus hijos en el río contaminado, pero apenas puede ver nada, pues el agua está muy sucia y oscura. Ahora su espíritu recorre el fondo del río con sus largos dedos. Y ella vaga por la orilla del río llamando incesantemente a sus hijos.

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El cuento no nos habla literalmente sino que nos habla a través de una metáfora. El hombre del río representa el animus en su aspecto negativo (2) . El animus es el aspecto masculino de la psique femenina. En su aspecto positivo es un guía, un compañero que ayuda a cuidar el rio, es un puente. Es quien nos conecta con el poder de manifestación, de acción y de afirmación. En su aspecto negativo es un crítico que juzga, que paraliza, que en vez de guiarnos a la luz, nos pone trabas, obstáculos. Envenena, tal y como lo hizo el hidalgo. Muchas otras veces es nuestro propio ego, otras la cultura y/o nuestros propios complejos heridos.


El envenenamiento del río


El efecto más común de la contaminación del río, es la pérdida de vitalidad. Una sensación muy distinta a cuando el agua desaparece bajo tierra desde su ciclo natural. En esta ocasión todo es estéril, se experimenta la sensación de estar muriendo, no hay movimiento, ni aire, no se siente un corazón latir desde la profundidad.


Cuando nuestra vida creativa es contaminada, todo, incluyendo sus cinco fases, se ven contaminadas, las fases de: Inspiración, concentración, organización, puesta en práctica y mantenimiento. Decimos no tener inspiración, procrastinamos, no terminamos lo que iniciamos, hay desorden, excusas y sobre todo, hay una sensación de fragmentación, de incoherencia con nosotras mismas. Y como en el Síndrome de la arpía, no encontramos nada de que alimentarnos, porque todo ha sido desperdigado, infectado, por nuestros propios pensamientos e ideas, por la crítica interna y exterior. 


Hay que tener cuidado de que estos juicios, palabras, responsabilidades, nos roben el ritmo y la creatividad. Es necesario un equilibrio entre contaminaciones y purificaciones, entre energía masculina y energía femenina.



El hombre del río.


El Animus es un elemento de la psique que hay que reconocer, con el que hay que relacionarse e ir encomendando tareas. Hay que permitirle que se desarrolle en la luz. De lo contrario, cuando se mantiene en sombra se vuelve un animus poco desarrollado y tirano … que intentara tomar y hacerse con el control de nuestro río, de nuestra vida creativa.  El animus en su aspecto negativo tratará de atacar cualquier intento de creación, proyecto, idea.  Cada uno de estos “hijos” será envenenados, no nacerán o nacen deformes, como en el cuento, no se desarrollarán correctamente.


Otra de las formas en las que aparece es en la sobreidentificación, es decir, si no poseemos sus cualidades o son deficientes, las poseemos en exceso, somos puro animus, entonces no hay espacio para descansar, para abrazar,... todo se basa en el hacer, el producir, en una búsqueda del éxito a partir del poder, que se vuelve inalcanzable. Como un ratón en su rueda. 


Por esto hay que adentrarse en el río, buscar lo valioso que hay en él y para eso hay que limpiarlo, para poder ver aquellos hijos y recuperar la fuerza que nos permite volver a crear.


La recuperación del río


La naturaleza de la vida/muerte/vida es un ciclo que hace que todo se mueva de acuerdo a ciertas pautas: Creación, desarrollo, poder, disolución, muerte, incubación, creación y así sucesivamente. Este, para Clarissa Pinkola Estes, es el ciclo natural de las cosas. Refiere a ocho maneras de recuperar el río, es decir, nuestra vida creativa:  Aceptar alimento, Reaccionar, Ser salvaje, Proteger tu tiempo, Perseverar, Proteger tu vida creativa, Construir un verdadero trabajo, Poner alimento a la vida creativa.



Cuando el río ya está limpio, puede volver a fluir; la producción creativa de una mujer se incrementa y, a partir de este momento, sigue sus ciclos naturales de aumento, disminución y nuevo aumento.


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La Vendedora de Fósforos


Había una niña que no tenía madre ni padre y que vivía en la espesura del bosque. Había una aldea en el lindero del bosque y ella había averiguado que allí podía comprar fósforos a medio penique y después venderlos por la calle a un penique. Si vendía suficientes fósforos, podía comprarse un mendrugo de pan, regresar a su cobertizo del bosque y dormir vestida con toda la ropa que tenía. Vino el invierno y hacía mucho frío. La niña no tenía zapatos y su abrigo era tan fino que parecía transparente. Sus pies ya habían rebasado el color azul y se habían vuelto de color blanco, lo mismo que los dedos de las manos y la punta de la nariz. 


La niña vagaba por las calles y preguntaba a los desconocidos si por favor le querían comprar cerillas. Pero nadie se detenía ni le prestaba la menor atención. Por consiguiente, una noche se sentó diciendo: «Tengo cerillas, puedo encender fuego y calentarme.» Pero no tenía leña. Aun así, decidió encender las cerillas. Mientras permanecía allí sentada con las piernas estiradas, encendió el primer fósforo. Al hacerlo, tuvo la sensación de que la nieve y el frío desaparecía por completo. En lugar de los remolinos de nieve, la niña vio una preciosa estancia con una gran estufa verde de cerámica y una puerta de hierro adornada. La estufa irradiaba tanto calor que el aire parecía ondularse. La niña se acurrucó junto a la estufa y se sintió de maravilla. Pero, de repente, la estufa se apagó y la niña se encontró de nuevo sentada en medio de la nieve. Temblaba tanto que los huesos de la cara le crujían.


Entonces encendió la segunda cerilla y la luz se derramó sobre el muro del edificio junto al cual estaba sentada, y ella lo pudo atravesar con la mirada. En la habitación del otro lado de la pared había una mesa cubierta con un mantel más blanco que la nieve y sobre la mesa había platos de porcelana de purísimo color blanco y en una fuente había un pato recién guisado, pero justo cuando ella estaba alargando la mano hacia aquellos manjares, la visión se esfumó. La niña se encontró de nuevo en la nieve. Pero ahora las rodillas y los labios ya no le dolían. Ahora el frío le escocía y se estaba abriendo camino por sus brazos y su tronco, por lo que ella decidió encender la tercera cerilla. 


A la luz de la tercera cerilla vio un precioso árbol de Navidad, bellamente adornado con velas blancas, cintas de encaje y hermosos objetos de cristal y miles y miles de puntitos de luz que ella no podía distinguir con claridad. Y entonces contempló el tronco de aquel gigantesco árbol que subía cada vez más alto y se extendía hacia el techo hasta que se convirtió en las estrellas del firmamento sobre su cabeza y, de pronto, una fulgurante estrella cruzó el cielo y ella recordó que su madre le había dicho que, cuando moría un alma, caía una estrella. Como llovía del cielo se le apareció su amable y cariñosa abuela y ella se llenó de alegría al verla. La abuela tomó su delantal y la rodeó con él, la estrechó con fuerza contra sí y ella se puso muy contenta. Pero poco después la abuela empezó a esfumarse. Y la niña fue encendiendo un fósforo tras otro para conservar a su abuela a su lado, un fósforo y otro y otro para no perder a su abuela hasta que, al final, la niña y su abuela ascendieron juntas al cielo, donde no hacía frío y no se pasaba hambre ni se sufría dolor. Y, a la mañana siguiente, encontraron a la niña muerta, inmóvil entre las casas.


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La represión de la vida creativa.


La niña vivía en un ambiente de indiferencia, en un ambiente donde no es valorada ni se valora lo que tiene (unas llamitas de fuego), el principio de cualquier posibilidad creativa. Si por casualidad te encuentras en un lugar así, vete. En el cuento, la niña se ha resignado a vivir en un lugar donde no tiene alternativas, pero tú, puedes ser diferente. ¿Qué tendría que haber hecho la niña?, encontrar otras alternativas, pero no las tiene, no está conectada, su río, está contaminado, por lo que se resigna y se deja morir, fantaseando que todo está bien. Su ambiente tampoco la ayuda, pues no la impulsan, no la apoyan y muere de frío.


Como se mencionó con anterioridad, hay que tener cuidado con las fantasías, sobre todo con esas que aparecen en esos momentos, pues si nos quedamos en ellas, estas no nos permitirán tomar acción, creeremos que estamos haciendo algo, cuando en verdad, solo estamos muriendo. En estos casos, son necesarias estas personas que si nos impulsan, nos nutren, nos apoyan. 


El fuego, el calor tendría que ser el objetivo principal, pero la niña intentó vender las cerillas, alejándose cada vez más de su fuente de calor y sabiduría. Cuando estemos en un ambiente en el que no podamos ser, hacer y crecer con autenticidad lo primero que tenemos que hacer es retirarnos y dejar de fantasear. Clarissa Pinkola Estes, menciona tres tipos de fantasias:


Fantasía de placer (destinada únicamente al gozo)

La Imaginación deliberada (sesiones de planificación, son el vehículo que nos conducen a la acción)

La Fantasía que lo paraliza todo (impide emprender y tomar decisiones acertadas)


¿Cómo podemos salir de esta situación?


Relacionarnos con personas que nos apoyan, escuchar las voces amables y concentrarnos en un objetivo: Buscar alimento.


Cuando estamos sin alimento tendemos a imaginar y soñar, vivir de fantasías, “y si”, “algún día”, “cuando tenga”, “cuando sea”, … y finalmente nunca será.  La niña, en vez de tener una abuela interior que le diga, “despierta”, “levantate, tu puedes”, tener una abuela que se la lleva al cielo, pero eso no es lo que necesitábamos. La niña vaga por las calles y suplica a desconocidos que le compren sus cerillas, lo más valioso que tiene, pues la luz llega a alumbrar la oscuridad, representa la sabiduría y es el símbolo revitalizador de la psique.


¿Qué es eso que estamos entregando?


Tanto si nos referimos a algo externo o interno, en ese dar …. se experimenta una pérdida de energía, por lo que después no se podrá responder a las propias necesidades. Al utilizar sus recursos para entregarse a las fantasías muere. Esto nos pasa cuando estamos decididas a hacer algo pero siempre nos falta otra cosa y terminamos llenándonos de excusas.


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Los tres cabellos de oro


Una vez, en una profunda y oscura noche, una de esas noches en que la tierra es de color negro y los árboles parecen unas nudosas manos recortándose contra el cielo azul oscuro, en una noche exactamente como ésta un solitario anciano atravesaba el bosque con paso vacilante. A pesar de que las ramas de los árboles le arañaban el rostro y le medio cegaban los ojos, él sostenía en alto una pequeña linterna. Dentro del farolillo la vela encendida se iba agotando poco a poco.


 El anciano era todo un espectáculo con su largo cabello amarillento, Sus amarillos dientes medio rotos y sus curvadas uñas de color ámbar. Tenía la espalda tan encorvada como un saco de harina y era tan vicio que la piel le colgaba en volantes de la barbilla, los brazos y las caderas.


 El anciano avanzaba a través del bosque, agarrándose a un abeto e impulsando el cuerpo hacia delante para agarrar otro abeto y, con este movimiento de remero y el poco aliento que le quedaba, proseguía su camino.


Todos los huesos del cuerpo le dolían como si estuvieran ardiendo, Las lechuzas de los árboles emitían unos chirridos semejantes a los de sus articulaciones mientras él proyectaba el cuerpo hacia delante en medio de la oscuridad. A lo lejos brillaba una minúscula y trémula luz, una casita, un fuego, un hogar, un lugar de descanso. El anciano avanzó con gran esfuerzo hacia aquella luz. Llegó a la puerta exhausto, la vela de la linterna se apagó y él entró y se desplomó en el suelo.


Dentro había una anciana sentada delante de una espléndida chimenea encendida. La anciana corrió a su lado, lo tomó en brazos y lo llevó a la chimenea. Allí lo sostuvo en sus brazos como una madre sostiene a su hijo y lo acunó en su mecedora. Allí estaban ellos, el pobre y frágil anciano que no era más que un saco de huesos y la vigorosa anciana que lo acunaba hacia delante y hacia atrás diciéndole: «Calma, calma, no pasa nada.»


Se pasó toda la noche acunándolo y, cuando ya estaba a punto de rayar el alba, el anciano había rejuvenecido y ahora era un apuesto joven de cabello de oro y largos y fuertes miembros. Pero ella lo seguía acunando: «Calma, calma. No pasa nada.»

El amanecer ya estaba muy cerca y el joven se había convertido en un niñito precioso de cabello de oro trenzado como el trigo.


Al rayar el alba, la anciana arrancó rápidamente tres cabellos de la preciosa cabeza del niñito y los arrojó a los azulejos del suelo. Los cabellos hicieron: «¡Tiiiiiiiing!¡Tiiiiiiiing! ¡Tiiiiiiiing!»


Y el niñito que la anciana sostenía en sus brazos bajó a gatas de su regazo y corrió a la puerta. Se volvió un instante para mirar a la anciana, le dirigió una deslumbradora sonrisa y después dio media vuelta y ascendió al cielo para convertirse en el radiante sol matinal.


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La renovación del fuego creador.


Perder la concentración es sinónimo de perder la energía y lo último que debemos hacer es salir corriendo de un lado a otro intentando reunirlo de nuevo. Clarissa Pinkola Estes nos dice que no hay que correr, que tengamos paciencia y acunemos la idea. Para recuperar la concentración de la energía debemos tener un lugar, un espacio donde ponerla para que no se esparza y salga volando.


En este cuento, la energía está bajo la forma de un viejo muy viejo que cada vez está más débil. Representa en cierto modo estos momentos en los que nos encontramos en las últimas. Cuando se hace referencia a la noche, se habla de lo inconsciente, momento en el que estamos más cerca de nosotros, momento en el que oímos todos crujidos y chirridos.


Muchas veces esta pérdida de ideas, hace parte del ciclo natural, nos hemos hecho viejos y frágiles, como el anciano. En ese momento hay que vernos de nuevo con la vieja, “la que sabe” que nos sostiene, nos acuna. Sobre todo, en esos momentos de sobrecarga, exigencias, y que aun tras un profundo cansancio seguimos adelante. Debemos permitirnos descansar, equilibrar y recuperar la energía y la concentración.



Referencias:


Mujeres que corren con los lobos - Clarissa Pinkola Estes.


Notas

(1)  Los Duendecillos que gobiernan nuestra psique: los Complejos en la Psicología Analítica de Carl Jung 

(2) ¿Compañero o Hater? ANIMUS:  El aspecto masculino en la psique femenina. 

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